España, primera y sin saber cómo

No volverá España a hacer más méritos para quedar eliminada. Seguramente ningún equipo del Mundial logre lo que ha hecho el de Fernando Hierro, que es buscar enfebrecido el fracaso y toparse de repente con el éxito. La España más retórica, la más previsible, la más errática, la peor en mucho tiempo, desnortada, deshilachada, rota, estará en octavos de final, y como primera de grupo, habiendo hecho lo imposible para que no fuera así. Perpetró un partido infame contra Marruecos, que no había marcado un solo gol en el torneo, que por supuesto no había ganado en el torneo, y se medirá a Rusia en Moscú el próximo domingo (16.00 horas). Sin descaro, sin magia, sin alma, sin vértigo, sin nada, hasta sin identidad, la selección comenzará los cruces con todas las papeletas para abandonarlos a las primeras de cambio. [Narración y estadísticas: 2-2]

No transita cómoda España por este Mundial. Por los motivos que sean, que los hay y variados, sobrevive como puede. El primer día, contra Portugal, dejó los mejores minutos de lo que va de torneo, cierto, llegó a ir por delante, cierto también y, en fin, todo pintaba más o menos bien porque, claro, ya se sabe, lo de Lopetegui, los nervios del debut… Luego llegó Irán y hubo un alarmante desgobierno tras el gol porque, claro, ya se sabe, la ansiedad, los nervios, el sistema ultradefensivo de los asiáticos… Pero llegó Marruecos y España despachó una noche negra, nerviosa, imprecisa, sin autoridad porque, claro, ya se sabe… Y hasta aquí. Para lo de este lunes no hay excusas. El equipo no está bien. De hecho, está mal. De hecho, está horrible.

Frente a un equipo que ni es Portugal ni defiende como Irán, España no fue capaz de esgrimir ninguna razón que haga pensar en un camino largo. Como el fútbol es tan maravilloso, acaso termine siendo campeón, pero ciertamente no ofrece señal alguna de semejante empeño. Incomprensiblemente nerviosa atrás, previsible y perezosa delante, la selección no es hoy candidata a nada que no sea sufrir de mala manera.

Falta de intensidad en el 0-1

Se habló mucho durante los últimos días sobre los cambios. Mucho hablar por aquí, mucho hablar por allá, que si éste por éste, que si el otro por el otro… Pero Fernando Hierro parece poco amigo de tocar las cosas, de modo que dispuso un ligero retoque y a correr. Metió a Thiago en el lugar de Lucas, desafiando la impresión general de la necesidad de Koke para sujetar al equipo y también la algo menos general de que al grupo le falta aire en el campo contrario. Iniesta y Silva mantuvieron su tono plano, apenas elevado el encefalograma del manchego en un par de acciones, una de ellas la del primer empate. Porque España hubo de igualar el partido en la primera parte precisamente tras una ridícula pérdida en el centro del campo por la falta de intensidad del propio Iniesta y de Ramos. Boutaib, un delantero tan grande como discreto, batió a De Gea, que luego sacaría otro mano a mano manteniéndose quieto ante el mismo protagonista. Por cierto que a ese segundo mano a mano generado por Marruecos sólo le hizo falta un saque de banda, sí, un saque de banda, a la altura casi del centro del campo, sí, del centro del campo. Casi nada.

Con el gol marroquí, España se vio metida en una situación esperpéntica que por suerte pudo solucionar pronto, en una jugada nacida y fallecida, para bien, en las botas de Isco, de nuevo el mejor. Ante la inacción del resto, el concurso del madridista resulta especialmente brillante. Thiago, la novedad, trataba de filtrar algún pase entre líneas, arriesgar algo más en mitad de la planicie de entregas horizontales, pero no siempre tuvo suerte. Se serenó España con el empate, permitió ese mano a mano descrito y desde ahí fue, a su ritmo, que es un ritmo lento, a por el partido. Pero sólo fue capaz de generar una ocasión clara en otra arrancada de Iniesta. Nada más.

De puro milagro se salvó el equipo de verse por detrás de nuevo en el marcador nada más arrancar la segunda parte. Amrabat, con todo el tiempo del mundo, disparó a la escuadra ante la atenta mirada de toda la defensa española. Reaccionó de aquella manera España con un remate de Isco y otro de Piqué, pero para ese momento ya estaba claro -Portugal estaba ganando- que sólo un milagro daría a España el primer puesto. Hierro movió ficha a ver si eso llegaba, pero Iago Aspasy Asensio cayeron en las redes del equipo. El milagro llegó, pero no por méritos propios. Un gol concedido por el VAR a Iago Aspas y un penalti marcado por Irán, todo ello en los minutos de prolongación, voltearon el partido, el fútbol, la vida propia, para poner a España primera de grupo sin saber cómo. Sin merecerlo. Casi sin quererlo.

 

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