Uruguay le ganó con sufrimiento a Arabia y festeja la clasificación a octavos

Se podrá decir, claro, que Uruguay pudo haber sufrido menos y disfrutado más. Pero aun después de una victoria 1-0 contra Arabia Saudita, gracias a un gol que llegó por un error garrafal del arquero rival, la Celeste sabe que cada alegría es digna de ser atesorada: el triunfo lo metió entre los mejores 16 equipos del Mundial y ya sabe que su camino tendrá al menos un capítulo más. Otra alegría, en un proceso que arrancó con el cuarto puesto en Sudáfrica 2010 y hace sonreír a un pueblo que respira fútbol.

Arabia Saudita dio muestras en los primeros minutos de haber entendido la dura lección que se había llevado con el 0-5 del partido inaugural ante Rusia. Con la intensidad que reclamó el DT Juan Antonio Pizzi luego de esa bofetada, los saudíes obstaculizaron los intentos del mediocampo uruguayo por avanzar y mostraron precisión para generar circuitos de juego. Sobre todo a través de Al-Dawsari, el delantero del Villarreal de España, que se escapaba de la brújula de Bentancur y Vecino, los dos volantes centrales uruguayos.

Del otro lado, también Tabárez había tomado nota de un debut en el que se sufrió mucho para alcanzar el 1-0 final ante Egipto. Ubicó por los costados del mediocampo a Carlos Sánchez y el Cebolla Rodríguez, dos viejos conocidos de los argentinos, en lugar de Nahitan Nández -que naturalmente es volante central- y de Giorgian De Arrascaeta, inexpresivo en el primer partido. Así, con dos volantes de calidad jugando en su puesto natural, intentó sumar fluidez en el juego. Y aunque no lograba prevalecer en el juego, tardó poco en hacer la diferencia.

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Uruguay apeló a la vieja receta de la pelota parada para poder festejar. Y aunque cuenta con grandes cabeceadores como Diego Godín, José María Giménez (autor del gol ante Egipto), Luis Suárez y Edinson Cavani, el grito llegó por un error colosal del arquero rival a los 22 minutos. Seguramente alarmado por el gran poderío del rival en el área, Al-Maiouf trató de cortar un corner pero falló el manotazo, con tanta mala suerte de que la pelota cayó en los pies de uno de los mejores delanteros del mundo. Casi sorprendido por semejante regalo, Suárez, que había fallado tres veces contra Egipto en situaciones claras, esta vez no perdonó y la empujó a la red. Era el primer gol y buena parte del escollo parecía resuelto para la Celeste.

En el medio juego, de todas maneras, Uruguay seguía siendo superado por momentos. Un clásico del equipo de Tabárez, que suele resignar la pelota ante rivales inferiores y apuesta a lastimarlos de contraataque. Pero cuando tenía el balón y trataba de progresar, se encontraba con algunas dificultades: el perfil cambiado de Martín Cáceres en el lateral izquierdo complicaba la subida en esa zona, salvo cuando Suárez bajaba a buscar la pelota y combinaba con el Cebolla. Y Bentancur y Vecino no terminaban de encontrarse con los dos delanteros, muy enfocados en el centro del ataque.

Arabia movía inteligentemente la pelota y hasta estuvo cerca de empatar a los 28, con un remate de Babhir dentro del área chica que se fue por arriba del travesaño. Al ir en busca del empate -resultado que le servía para mantener al menos una mínima chance de clasificación-, el equipo de Pizzi dejaba muchos espacios atrás. Y enfrente estaban Suárez y Cavani, nada menos. Pero Uruguay generó escaso peligro en relación a lo que sus nombres permitían sospechar. Así y todo, se fue al vestuario con la tranquilidad de estar arriba en el marcador aunque la diferencia fuera mínima. Ante un rival con muy poco peso en el área de enfrente, no dejaba de ser una buena ventaja.

Trató Uruguay de pararse unos metros más arriba en el complemento. La sensación de riesgo estaba, pero la previsibilidad de sus ataques, con posiciones bien fijas y poca velocidad, facilitaba el trabajo de la defensa árabe. Eso sí: arriba, Arabia Saudita era poquito y nada, y hasta daba la impresión de que Godín y Giménez, esa sólida dupla central que se luce también en el Atlético de Madrid, podían jugar con las manos en los bolsillos.

También Tabárez entendió que hacía falta algo más y que parte del problema estaba otra vez en el mediocampo. Así, entraron Lucas Torreira -volante del Sampdoria que es pretendido por el Arsenal inglés- y Diego Laxalt por Vecino y el algo extenuado Cebolla Rodríguez. Y de entrada quedó claro que Laxalt tenía vocación de pisar el área para tratar de sumar algo de peso al ataque uruguayo.

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Pasaban los minutos, mientras tanto, y el resultado no terminaba de definirse. La tranquilidad para Uruguay reposaba en la solvencia de su defensa y en la levedad de los árabes, que veían como todos sus intentos se diluían al acercarse al área del seguro Muslera. Parecía poco para la gran diferencia de jerarquía que prometían los nombres de la Celeste en relación a los de su rival, pero al cabo era la victoria que le permitía a Uruguay pasar a octavos de final por tercer Mundial consecutivo, por primera vez en su historia. Y tan conforme estaba el Maestro Tabárez con cómo se estaban dando las cosas que sobre el final reforzó todavía más la marca, con el ingreso de Nández por el Pato Sánchez.

Perdonó Cavani el segundo gol a los 40 minutos, en una de las pocas ocasiones claras de Uruguay en todo el partido, y al final se limitó a defender el triunfo contra uno de los equipos más débiles del Mundial. A la Celeste, entre otras cosas, no le avergüenza refugiarse cerca de su arco ante un rival claramente inferior si se trata de conseguir un resultado. Y así fue esta vez, aunque cabe la pregunta de si podrá dar el salto de calidad cuando enfrente haya una oposición mejor.

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Al final, Uruguay festejó el triunfo y la clasificación. Le quedará definir el primer puesto del grupo en el choque del lunes ante Rusia, y para llegar a la cima estará obligado a ganar. En octavos esperan seguramente España o Portugal. Para esa instancia la Celeste tendrá que ofrecer algo más. Pero todavía falta, y mientras tanto bien está disfrutar de esta nueva alegría. Aunque por sus nombres quede la impresión de que se sufrió más de la cuenta.

 

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